Escuchar “FIV” por primera vez puede hacer que todo parezca complicado. Medicamentos, estudios, óvulos, espermatozoides, embriones, laboratorio, transferencia. Todos esos conceptos aparecen en una sola consulta, y es normal querer entenderlos antes de decidir.

La fecundación in vitro es una de las técnicas más estudiadas de la medicina reproductiva. Al mismo tiempo, cada tratamiento cambia según la historia de cada persona. Estas son cinco cosas que conviene tener claras antes de empezar.

Para quién puede ser una opción

La Fecundación In Vitro (FIV) es una técnica en la que los óvulos y los espermatozoides se unen en el laboratorio para formar embriones. Después, uno o más embriones se transfieren al útero.

Al principio se usaba sobre todo en casos de obstrucción en las trompas de Falopio. Hoy se indica en situaciones muy distintas: algunos casos de factor masculino, endometriosis, infertilidad sin causa aparente. También forma parte del camino de personas solteras y parejas LGBTQ+.

Ahora, un mismo nombre no implica un mismo protocolo. La estimulación, la cantidad de óvulos recuperados, la técnica del laboratorio, el cultivo embrionario y la estrategia de transferencia varían de un caso a otro.

1. La estimulación busca varios óvulos, y no todos avanzan

Durante un ciclo de FIV se usan medicamentos hormonales para estimular el desarrollo de varios folículos. Después se realiza un procedimiento para recuperar los óvulos.

La idea es contar con más de una oportunidad en el laboratorio. Y acá viene el punto que más confusión genera: no todos los folículos contienen un óvulo maduro, y no todos los óvulos recuperados llegan a convertirse en embrión.

Mucha gente llega a la FIV asumiendo una relación directa entre “número de óvulos” y “número de bebés”. El proceso tiene etapas, y en cada una hay una reducción natural del número de células que siguen adelante.

2. No todos los óvulos se fecundan

La ASRM lo cuantifica con cifras generales: alrededor del 70% de los óvulos maduros llega a fecundarse, y aproximadamente la mitad de los fecundados continúa hasta blastocisto.

Son números poblacionales, no un pronóstico para una persona concreta. Sirven para lo que sirven: ajustar expectativas. Que algunos óvulos no se fecunden no significa que el tratamiento haya fallado, porque el desarrollo embrionario ocurre por etapas y cada una tiene sus propios criterios.

Embrión en desarrollo observado a través del microscopio del laboratorio

Buena parte del tratamiento ocurre en el laboratorio, fuera del consultorio

3. El laboratorio de embriología define mucho

Una parte central de la FIV pasa fuera del consultorio. Después de la recuperación, los embriólogos trabajan con los gametos y monitorean el desarrollo de los embriones durante los días siguientes.

Según el caso se usa fecundación convencional o ICSI, la técnica en la que se introduce un espermatozoide directamente dentro del óvulo. ICSI se indica en situaciones concretas, como determinados factores masculinos o antecedentes de falla de fecundación.

El laboratorio también puede usar sistemas de cultivo y monitoreo que permiten seguir el desarrollo embrionario sin sacar los embriones de la incubadora.

4. La evaluación previa pesa tanto como el procedimiento

Antes de iniciar una FIV, el equipo médico necesita conocer tu historia reproductiva y tus condiciones particulares. Según el caso, se solicitan:

  • Evaluación de reserva ovárica
  • Ultrasonido ginecológico
  • Estudios hormonales
  • Seminograma
  • Evaluación uterina
  • Estudios genéticos, cuando están indicados
  • Evaluaciones metabólicas

El objetivo es identificar qué factores podrían influir en el tratamiento y diseñar la estrategia a partir de eso. En Ingenes, la consulta y diagnóstico integra distintas áreas para definir qué alternativa se ajusta mejor, desde baja complejidad hasta FIV y herramientas de Medicina Regenerativa y Genética cuando corresponde.

5. Más tecnología no siempre significa mejor tratamiento

Según el diagnóstico, el equipo puede sumar herramientas. ICSI en situaciones específicas. Estudios genéticos embrionarios cuando hay indicación médica. Cada una debe tener una razón clínica detrás.

Sumar estudios que no cambian la conducta encarece el proceso sin aportar nada. Antes de empezar, estas preguntas son legítimas y deberían responderse sin rodeos:

  • ¿Por qué me recomiendan esta técnica?
  • ¿Qué problema busca resolver?
  • ¿Qué alternativas existen?
  • ¿Qué limitaciones tiene?

Cuándo consultar

Si llevas tiempo intentándolo, tienes antecedentes de endometriosis, alteraciones en el semen, problemas en las trompas, reserva ovárica disminuida, varios tratamientos previos sin éxito o una condición médica que puede afectar tu fertilidad, una evaluación especializada ayuda a entender qué está ocurriendo.

Conviene adelantarla si tienes más de 40 años o si hay antecedentes que justifiquen una valoración temprana.

La consulta no implica que vayas a hacer una FIV. Puede ser precisamente el espacio para determinar si la necesitas o si hay una alternativa más adecuada.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos óvulos hacen falta para lograr un embarazo?

No hay un número. Depende de tu edad, del diagnóstico y de cómo avance cada etapa. Las cifras generales de la ASRM sirven para dimensionar el proceso, no para predecir tu resultado.

¿La FIV duele?

La recuperación de óvulos se hace con sedación y dura pocos minutos. Lo más molesto suele ser la etapa de estimulación, por la distensión abdominal. La transferencia embrionaria no requiere anestesia.

¿Cuánto tarda un ciclo completo?

Entre la estimulación y la transferencia suelen pasar entre dos y tres semanas, más el tiempo previo de estudios. Si se congelan embriones, la transferencia puede programarse en un ciclo posterior.

¿Necesito ICSI?

Solo si hay una indicación. Se usa sobre todo ante determinados factores masculinos o antecedentes de falla de fecundación. Aplicarla de rutina, sin motivo clínico, no mejora los resultados.

Empezar entendiendo el proceso

La FIV abre posibilidades en diagnósticos muy distintos, y aun así no funciona como una fórmula idéntica para todos. El resultado depende de varios factores, y ninguna cifra general reemplaza una evaluación individual.

Si estás considerando empezar, tu primera decisión no tiene que ser elegir una técnica. Puede ser buscar un equipo que escuche tu historia, explique tus opciones y te aclare por qué cada paso forma parte de tu tratamiento.

Empezar una FIV no debería significar entrar a un proceso que no entiendes. Debería significar tener la información para participar en las decisiones sobre tu propia atención.

Fuentes consultadas

  • American Society for Reproductive Medicine. It Takes More Than One. asrm.org
  • American Society for Reproductive Medicine. Fertility evaluation of infertile women: a committee opinion (2021). asrm.org
  • American College of Obstetricians and Gynecologists. Treating Infertility. acog.org