Hola, somos Carla y Diego, y somos los papás de Santiago y Sebastián, nuestros dos milagros.
Siempre creímos que, por ser jóvenes, el camino para convertirnos en papás sería sencillo. Pensábamos que solo sería cuestión de intentarlo y esperar un positivo… pero los positivos no llegaban.
Después de muchos intentos fallidos, decidimos buscar ayuda y llegamos a Ingenes. Ahí recibimos un diagnóstico que nunca imaginé escuchar tan joven: SOP y teratozoospermia, junto con una frase que me marcó profundamente: “Necesitarás FIV para ser mamá.” Ese momento fue duro. No solo por el tratamiento en sí, sino por todo lo que removió emocionalmente: miedo, tristeza, enojo y una culpa que no me correspondía sentir.
Durante el proceso, hubo días muy difíciles. Inyecciones, estudios, citas, esperas interminables y momentos en los que sentí que mi cuerpo me estaba fallando. Pero nunca estuvimos solos. El acompañamiento del equipo de Ingenes Tijuana y del Dr. Nicolás Kameyama fue clave para no rendirnos. Siempre encontramos respuestas claras, trato humano y la sensación de que alguien caminaba con nosotros, incluso cuando el ánimo flaqueaba.

Hubo instantes en los que pensé que ya no podía más, pero la fe, el amor y el apoyo constante me dieron la fuerza para seguir. Con el tiempo entendí que ese camino, aunque doloroso, nos estaba preparando para algo mucho más grande de lo que imaginábamos.
Hoy, mirando a nuestros mellizos, entendemos todo. Santiago y Sebastián llegaron en el momento perfecto. Son la prueba de que Dios nunca se olvidó de nosotros, de que cada lágrima fue vista y cada oración escuchada. Ellos son el regalo más grande de este proceso y la razón por la que hoy nuestro corazón está lleno de gratitud.

Si pudiera decirle algo a quienes están atravesando una situación similar, sería esto: no están solos, la infertilidad no los define y su historia aún no termina. A veces el camino no es como lo imaginamos, pero puede llevarnos exactamente a donde necesitamos estar.
Hoy somos una familia que venció la infertilidad, y cada día, al ver a nuestros hijos, recordamos que todo valió la pena.