En reproducción asistida, no todos los casos se explican por un solo factor. Hay pacientes en quienes el reto no está únicamente en la calidad de los óvulos, o solo en la genética embrionaria, o solo en el endometrio. A veces, varios elementos están interfiriendo al mismo tiempo, y eso exige una estrategia más profunda, más precisa y mejor coordinada.
Eso es precisamente lo que muestra un caso clínico aceptado para publicación en Clinical Case Reports: cómo la combinación de cuatro tecnologías complementarias ayudó a una paciente con desafíos complejos de fertilidad a lograr un embarazo a término y el nacimiento de un bebé sano. El caso resulta especialmente relevante porque integra en un mismo protocolo la evaluación metabólica, la selección molecular de ovocitos, el análisis cromosómico embrionario y la preparación endometrial.
Un caso que exigía ver el panorama completo
La paciente, de 36 años, acudió a Ingenes junto con su pareja en busca de un segundo embarazo mediante Fecundación in vitro. Ya habían logrado anteriormente el nacimiento de su primer hijo en 2020 tras un ciclo exitoso de FIV, pero en esta nueva búsqueda el escenario fue distinto.
Ella tenía diagnóstico de síndrome de ovario poliquístico y ligero sobrepeso. Su pareja presentaba teratozoospermia, una alteración en la morfología espermática que puede dificultar la fecundación. Además, los estudios de laboratorio revelaron que la paciente cursaba con hiperinsulinemia y resistencia a la insulina, un factor metabólico que puede influir de manera silenciosa pero importante en distintas etapas del proceso reproductivo. La evidencia reciente muestra que la resistencia a la insulina puede asociarse con alteraciones en la respuesta ovárica, en la calidad ovocitaria y en la receptividad endometrial, especialmente en pacientes con SOP.
Durante su primer ciclo de FIV en Ingenes, se recuperaron ovocitos y se realizó PGT-A. El análisis confirmó que solo uno de cuatro embriones era euploide, es decir, cromosómicamente normal. Más tarde, una histeroscopia mostró que el endometrio tenía apenas 3.6 mm de grosor, muy por debajo del espesor que suele considerarse adecuado para favorecer la implantación. Se aplicó plasma rico en plaquetas para intentar mejorar ese entorno, y se transfirió el único embrión euploide. Sin embargo, no se logró la implantación.
En un caso así, repetir el mismo protocolo podría parecer el camino más obvio. Pero aquí se tomó otra decisión: detenerse y analizar si varios factores estaban afectando el resultado al mismo tiempo.
Un protocolo de cuatro niveles
1. Intervención nutricional para corregir la resistencia a la insulina
Uno de los primeros pasos fue abordar el componente metabólico. En pacientes con SOP, la resistencia a la insulina no solo impacta el metabolismo general; también puede afectar el desarrollo folicular, la calidad ovular y la receptividad del endometrio.
Con acompañamiento nutricional clínico, la paciente transitó de una dieta con alto aporte de carbohidratos hacia una dieta cetogénica, con monitoreo de cetosis para confirmar adherencia. En solo dos semanas, se observaron mejoras claras en glucosa en ayuno, triglicéridos e índice HOMA-IR, lo que indicó una mejor sensibilidad a la insulina.
Esto no se trató simplemente de bajar de peso. Se trató de mejorar el entorno metabólico en el que ocurre todo el proceso reproductivo.
2. Score de Implantación para evaluar la calidad ovular desde una perspectiva molecular
En Fecundación in vitro, la valoración morfológica tradicional permite observar la apariencia del ovocito y del embrión, pero no siempre revela su competencia biológica real.
Aquí entró una segunda herramienta: el Score de Implantación, desarrollado por el equipo de investigación de Ingenes y previamente publicado en Journal of Ovarian Research. Este método analiza el perfil transcripcional de las células del cúmulo que rodean al ovocito, con el objetivo de identificar cuáles tienen mayor potencial de implantación.
En el segundo ciclo de la paciente, esta evaluación se aplicó a cada ovocito recuperado. Tres de ellos superaron el umbral establecido, lo que permitió identificar con mayor precisión cuáles tenían mejores posibilidades de dar lugar a embriones viables.
3. PGT-A para confirmar la normalidad cromosómica
Una vez obtenidos los blastocistos, se realizó PGT-A para revisar los 23 pares de cromosomas y detectar embriones euploides.
De cinco embriones obtenidos, tres resultaron euploides. El equipo no se quedó solo con ese dato, sino que lo cruzó con la información molecular del Score de Implantación. De este modo, la selección embrionaria no se basó únicamente en apariencia o cromosomas, sino en una lectura más integral del potencial biológico de cada embrión.
Esa combinación permitió identificar dos embriones masculinos con alta puntuación en ambos criterios: euploidía y mayor potencial de implantación.
4. Endogen para preparar el endometrio
Aun con un embrión cromosómicamente normal, el embarazo no puede ocurrir si el útero no ofrece condiciones favorables para la implantación.
Como la paciente ya había presentado un endometrio muy delgado en su ciclo previo, se utilizó Endogen durante la fase de preparación endometrial. A partir de sangre de la propia paciente, se concentraron factores de crecimiento que después fueron aplicados directamente en la cavidad uterina.
El resultado fue un cambio importante: el endometrio alcanzó una estructura trilaminar de 11.8 mm. Es decir, pasó de un entorno claramente insuficiente en el primer intento a uno mucho más adecuado para recibir al embrión.
El resultado final
El embarazo progresó hasta la semana 39. Finalmente nació un niño sano, con 53 cm de longitud, 3,465 gramos de peso y puntuación Apgar de 8/9.
Más allá del desenlace positivo, lo que vuelve valioso este caso es la manera en que se construyó ese resultado.
Lo que este caso nos enseña sobre fertilidad compleja
Uno de los hallazgos más importantes de este caso es que ninguna de las herramientas, por sí sola, explicaba todo el problema ni resolvía todo el proceso.
En el primer ciclo, por ejemplo, sí se logró identificar un embrión euploide mediante PGT-A. Pero eso no bastó. El endometrio no estaba listo, y el contexto metabólico seguía afectando el ambiente reproductivo.
En el segundo ciclo, el cambio vino de abordar cada posible punto crítico de manera simultánea:
- la intervención nutricional mejoró la salud metabólica;
- Endogen ayudó a optimizar el endometrio;
- el Score de Implantación aportó información molecular sobre la competencia ovular;
- y el PGT-A confirmó qué embriones eran cromosómicamente normales.
En conjunto, estas herramientas funcionaron como una estrategia multinivel: del metabolismo al ovocito, del ovocito al embrión, y del embrión al útero.
Cuando el problema no es sólo uno, la respuesta tampoco debería serlo
Este caso refuerza una idea importante en reproducción asistida: hay pacientes que no necesitan “más de lo mismo”, sino una evaluación más completa de lo que está ocurriendo en cada nivel del proceso.
Para quienes han vivido ciclos fallidos de Fecundación in vitro, esto importa mucho. Un intento no exitoso no siempre significa que la FIV no pueda funcionar. En ocasiones, significa que hace falta mirar más a fondo y coordinar mejor las decisiones clínicas, científicas y metabólicas.
En Ingenes, creemos que los casos más complejos merecen soluciones igualmente integrales. Por eso trabajamos con un enfoque que combina experiencia clínica, investigación aplicada y tecnologías que permiten analizar la fertilidad desde distintos ángulos.
Ingenes: ciencia que da nuevas oportunidades
La fertilidad no siempre depende de un solo factor. Y cuando varios elementos interfieren al mismo tiempo, encontrar una respuesta requiere algo más que repetir protocolos.
Este caso clínico publicado en una revista médica con revisión por pares muestra que, cuando la ciencia, la personalización y la perseverancia se alinean, puede abrirse una nueva posibilidad.
Si has pasado por intentos fallidos o enfrentas un caso complejo, vale la pena saber que existen enfoques más profundos, personalizados y completos para estudiar lo que está ocurriendo y definir el siguiente paso.Basado en: Rojas-Pérez TG, Reyes-Albarracín Y, Ortiz G, Suárez JJ, Cordero J, Vilchis D, Hernández-Melchor D, López-Bayghen E. Addition of multi-level technologies to evaluate eggs and embryos and improve endometrial quality applied for in vitro fertilization to achieve pregnancy: a case study.Clinical Case Reports, aceptado en febrero de 2026.